Solo se me ocurre una cosa peor en este mundo que ser electricista y daltónico. Sin embargo, estamos en horario infantil, así que no me atrevo a ponerla por escrito.

Permitid que me presente: mi nombre no viene al caso, mi dirección tampoco, mi edad es de esas que la mayoría de la gente no sabe cómo definir: todavía no se me puede llamar "viejo" con propiedad y, sin embargo estoy muy lejos de ser joven y abandono cada día un poco más ese territorio difuso de la madurez.

Así que ¡menuda presentación!, pensaréis. Bueno, soy de los que creo que a veces un par de detalles sirven para definir a una persona: alta y bien educada, regordeta y bonachona, intelectual y agazapado... En mi caso esos dos detalles que definen prácticamente toda mi biografía y gran parte de mi personalidad son: electricista y daltónico.

Y es que, recién inaugurada mi prejubilación forzosa e indeseada, echo la vista atrás y solo se me ocurre pensar en mi bajo ese prisma. No pienso en mi como padre (que lo soy) ni como esposo (que lo he sido) ni como amante del percebe gallego ni como bebedor social y fumador ocasional... No pienso en mi como aquel adolescente juerguista que fui ni recuerdo especialmente el día en que murió mi padre... Solo me veo así: como un electricista daltónico que ha sufrido mucho debido a esa doble condición.

Ya os iré contando, ya...