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Terra
La Coctelera

Estimado diario

La primera vez que caí en la cuenta de la importancia que (para bien o para mal) tenía mi particular y doble condición de electricista y daltónico fue siendo aún aprendiz del gran Paco Segovia, maestro de generaciones de electricistas que aprendieron técnicas y trucos diversos con su "Manual renovado de instalaciones eléctricas".

Yo no tuve que leer su libro (un libro que, por otra parte, el maestro Segovia no dudaba en repudiar, habiendo yo escuchado de sus labios la expresión "me voy a cagar en la puta madre del librito" en más de una ocasión) ya que tuve la suerte de trabajar a su lado: primero como aprendiz, más tarde como asalariado...

Hasta que tomé la peor decisión de mi vida (también motivada, como os explicaré más adelante, por mi daltonismo): dejar la familiar empresa de Paco Segovia y unirme a la multinacional de la instalación eléctrica por antonomasia: Hughes & McCormick.

Bien... Retomando el hilo... Con solo 16 años comencé como aprendiz y solo unos días después de mi incorporación tuve que realizar el primer empalme de mi vida.

Imaginaos. Allí estaban: tres cables para mi idénticos; aunque para el resto de la humanidad se trataba de dos extrenos azules y uno marrón.

Querido diario

Solo se me ocurre una cosa peor en este mundo que ser electricista y daltónico. Sin embargo, estamos en horario infantil, así que no me atrevo a ponerla por escrito.

Permitid que me presente: mi nombre no viene al caso, mi dirección tampoco, mi edad es de esas que la mayoría de la gente no sabe cómo definir: todavía no se me puede llamar "viejo" con propiedad y, sin embargo estoy muy lejos de ser joven y abandono cada día un poco más ese territorio difuso de la madurez.

Así que ¡menuda presentación!, pensaréis. Bueno, soy de los que creo que a veces un par de detalles sirven para definir a una persona: alta y bien educada, regordeta y bonachona, intelectual y agazapado... En mi caso esos dos detalles que definen prácticamente toda mi biografía y gran parte de mi personalidad son: electricista y daltónico.

Y es que, recién inaugurada mi prejubilación forzosa e indeseada, echo la vista atrás y solo se me ocurre pensar en mi bajo ese prisma. No pienso en mi como padre (que lo soy) ni como esposo (que lo he sido) ni como amante del percebe gallego ni como bebedor social y fumador ocasional... No pienso en mi como aquel adolescente juerguista que fui ni recuerdo especialmente el día en que murió mi padre... Solo me veo así: como un electricista daltónico que ha sufrido mucho debido a esa doble condición.

Ya os iré contando, ya...